Crónica de Lucía Burgos (@Lucia_Mdr)


Desgranamos cómo fue la vuelta a “casa” de Rozalén en los Matinales de El País.

Ya son varios los artistas que han pasado por los Matinales de El País, una bonita inciativa que busca que, tanto pequeños como mayores, puedan disfrutar de la mejor música en las salas o teatros más míticos de Madrid en un horario apto para todos los públicos. Todos los artistas y todos los géneros tienen su hueco en este ciclo de eventos que acercan un poco más la cultura a todos los niveles.

Ahora que hemos recuperado el aliento estamos en condiciones de contar lo que se vivió en nuestra querida Sala Galileo gracias al concierto de Rozalén en los Matinales de El País.

Tras abrir el concierto con “Ahora”, el que fuera el primer sencillo de su último disco “Quién me ha visto… y quién me ve”, se acomodó junto a su banda y su “hermana en otra vida”, Beatriz Romero (a la que es una auténtica delicia ver siempre en el escenario y de la que difícilmente se pueden quitar los ojos por todo lo que transmite aunque no entiendas el lenguaje de signos), y visiblemente emocionada, Rozalén daba comienzo al segundo tema de la velada, “Será mejor”, exclamando un gracioso “Pero ¿qué hora es?”, haciendo referencia a lo temprano del evento (las 13:00 hrs), razón por la que el número de niños entre el público se vio acrecentado.

“Tengo muchas cosas que agradecer en el año pasado; entre ellas, que mi voz saliese en la gran pantalla gracias a la banda sonora de una película”. Esa fue la carta de presentación de “Berlín”, canción que forma parte de la banda sonora de “Perdiendo el norte”, película de Nacho G. Velilla.

El concierto no había hecho más que empezar y la emoción era totalmente palpable. No podías evitar dejarte llevar por un entorno que tiene magia, una Sala Galileo que tantas celebridades ha acogido a lo largo de todos estos años y que sigue en pie para gozo de sus parroquianos -que los tiene-.

Llegó el turno de “Para los dos”, tema que ella reconocía que fue el primero que tocó en la Sala Galileo en un concierto benéfico junto a grandes cantautores como Andrés Suárez o Luis Ramiro hace ya cinco años.

“Ahora que estamos de tan buen rollo, os voy a toca la canción más triste que he escrito jamás”, dijo divertida la manchega. Y no le faltaba razón. Habla de “Mi fe”, un tema que esconde una letra que te rompe la piel en pedazos. Reflexiones propias que salen disparadas de su boca directas a nuestros oídos que, vestidas con las guitarras y el teclado de su banda, convierten este tema en un punto clave del concierto.

Rozalén en los Matinales de El País

Como viene haciendo en cada concierto -siempre que le es posible- cuando llega el momento de “Las hadas existen”, y dado que la sala estaba llena de niños, volvió a vivirse esa bonita interacción entre María, Bea y los más pequeños cantando el tema juntos. Mención especial a Joel y su “¡Que sois ‘tos’ muy guapos” antes de bajar del escenario, arrancando las carcajadas de todos los presentes.

Incapaz de dominar la emoción que le embarga al cantar este tema de Aute -todavía más desde que nos pegó un pequeño susto el verano pasado– dio paso a “La belleza”, tema que también quiso dedicar al crítico musical Fernando Lucini, presente en la sala, agradeciéndole el cariño y el respeto que siempre le brinda a los cantautores.

Llegó el momento de las sorpresas con dos versiones: “Wings” de Birdy y la canción de Chabuca Granda que en nuestro país se hizo popular en la voz de María Dolores Pradera, “La flor de la canela”, ambas con su sello manchego que tan bien sienta a los oídos.

Los versos copleros y los guiños divertidos junto a “otro yo” encima del escenario se sucedieron con “Me arrepiento”, sacando también su lado reivindicativo con ironía al interpretar “Los artistas”, haciendo referencia a lo complicado que es en España querer desarrollar una carrera artística.

“Tonta”, canción compuesta por Paco Cifuentes y Alejandro Martínez, fue el siguiente tema que hizo bailar a los asistentes, seguido por “Bajar del mundo”, “Somos”, o el tema que le dio tantas alegrías y con el que se dio a conocer, “80 veces”.

Los bises del concierto los formaron “Vuelves”, “Comiéndote a besos”, tema que reclamaban desde el público de manera recurrente y “Saltan chispas”, la primera canción que escribió cuando llegó a Madrid, donde -admitió- se sintió muy sola en una ciudad muy poblada.

Hablar de Rozalén es hablar de un equipo. Un engranaje perfecto capitaneado por Álvaro Gandul (teclados y acordeón), director de la banda; “su fiel” Samuel Vidal (quitarra), quien ya sólo con verle tocar la guitarra con una sonrisa cálida y perenne invita a quedarse hasta el final; el gran Ismael Guijarro (guitarra), gran apoyo de Rozalén desde los comienzos con quien tiene una química especial visible encima del escenario; Beatriz Romero, la persona que te llega al alma; la que consigue que la música sea accesible para todos haciendo visible que el lenguaje de signos debería llegar a todos los rincones y, por supuesto, María, cuya cercanía, simpatía y buen hacer, hacen una mezcla explosiva con ingredientes de primera.

*Gracias a Ángel Fisac por los vídeos de Galileo.

*Foto de la portada: Jordi Socías