Entrevista a Jorge Guillén: Lucía Esteso


Clásico, rock, flamenco, jazz y electrónica se dan cita en su directo Strad, un espectáculo único, que pasará por diferentes rincones de la península: Alcalá de Guadaira (Sevilla) 10 de noviembre, Valladolid 17 de noviembre y Caravaca de la Cruz (Murcia) 23 de noviembre. Cinco músicos darán vida al show que está capitaneado por Jorge Guillén, violinista principal de las diferentes agrupaciones de Ara Malikian. En esta entrevista conocemos un poco más al violinista rebelde, Jorge Guillén. 

 

¿Cómo nace STRAD?

Nace de casualidad, de una noche de fiesta mal llevada, como las parejas.

¿Qué se encontrará el público?

Algo diferente, algo que choca, sobre todo a primera vista porque no acostumbramos a ver al violín como instrumento polivalente, cañero, rockero que pueda hacer de todo. Y luego una puesta en escena muy espectacular. El público no tiene que tener una edad, queremos que vengan desde niños a abuelos. En nuestros conciertos ocurre eso, y creo que es la magia, por lo que la gente repite.

¿Cuántos sois?

Somos cinco y luego el equipo técnico que es muy importante.

¿Cuántas horas le dedicas al violín?

Cuando tengo tiempo, debería 6 o 7 horas al día. A veces es imposible por la falta de tiempo. Me gusta más estudiar de noche, quedarme hasta las 5 de la mañana tocando…

¿Y tus vecinos encantados, no?

Por eso descubrí el violín eléctrico porque no suena, va con cascos…

¿Por qué el violín?

Vengo de una familia de músicos; mi tío es violinista y lo mamé desde pequeñito. Me vino de rebote. Cuando nací la enfermera que me atendió le dijo a mi madre: tu niño tiene unas manos muy grandes, va a ser violinista. Empecé con tres años a tocar… Todo fue muy rápido. De hecho, mi primer disco lo grabé con ocho años.

¿Qué se siente al grabar un disco con ocho años?

Yo flipé, fue en el teatro Monumental de Madrid, en Antón Martín. El teatro estaba hasta arriba. Al acabar los conciertos, la costumbre es que te vengan y te den un ramo de flores, pero claro, yo era un chaval así que me sacaron juguetes y luego tenía que volver a salir a saludar y no quería, prefería quedarme con los juguetes.

¿Cuántos violines han pasado por tus manos?

Que me guste recordar tres, luego evidentemente han pasado varios. Me gustan esos tres porque me han acompañado en momentos clave. Al que más cariño tengo es a uno que llegó hace ocho años y los anteriores los he ido vendiendo para poder comprarme el que tengo ahora.

¿Qué tiene de especial el de hace ocho años?

Es como una pareja, es un sentimiento, un vínculo que consigues con el instrumento que otra persona quizás lo pruebe y no lo tenga… o quizás sí. Yo desde el primer día lo tuve y me han ofrecido millonadas por mi violín y jamás lo vendería, es un violín del siglo XVIII. ¡Pensar que viviría la época de Mozart…!

¿Dónde lo compraste?

Es una subasta en París. Es muy habitual encontrarte con violines del siglo XVIII pero es muy difícil ser propietario de ellos… ¡Es el siglo de oro del violín!

¿Qué nos dirías de la enseñanza musical de este país?

Está como el país en general, un poco trastocada… Empezando desde los colegios hay cosas que fallan. La música como la planteamos aquí es para odiarla y para no querer saber nada. Cuando tenía 10 años y me hacían estudiar la flauta… ¡eso era un infierno! ¡Era música y odiaba la música! ¿Cómo puede ser eso? Las cosas no han avanzado y eso es una pena… En mis clases un alumno está tocando Vivaldi y el otro ACDC porque le motiva… Y hay que motivarles. Hay que cambiarlo poquito a poquito.

El músico en este país.

La industria está un poco chunga porque ahora si no estás con una multinacional no haces nada. Los músicos clásicos estamos tachados de serios o prepotentes, pero es que llevan razón porque no transmitimos amabilidad. Tú entras a un bar y quieres que te atiendan bien, pues un músico tiene que atender bien a su público y tiene que mostrar simpatía como mínimo y eso aquí no está pasando. El músico tiene que cambiar, al menos el músico clásico. En España hay muchas bandas y muchos músicos muy buenos, quizás demasiados, y no hay sitio para todos.

El mundo de las salas de conciertos.

Mi opinión está contaminada porque vengo de la gira de Ara Malikian que hemos hecho todos los teatros y salas de España ocho veces. Evidentemente sé por mis compañeros que es muy difícil hacer conciertos, que lo nuestro no es lo habitual. Una pena, la verdad.

¿Cuántos años llevas en los escenarios?

La primera vez que me subí a un escenario siendo consciente… a los siete años. Aunque me subí a los cuatro años y ahora tengo 27, así que llevo 20 años. El concierto más importante que recuerde fue con 8 años.

¿Cómo compaginaste el colegio con la música?

No me ha costado. He sido un niño superfeliz, aunque no sé si tuviera un hijo querría eso para él. Lo compaginaba bien: madrugaba mucho y hacía los deberes, por la tarde en el conservatorio, me acostaba pronto y a las 5 de la mañana me levantaba para estudiar y para hacer los deberes. Acabé el superior con 21 años.

¿Pensando en nuevos proyectos?

Sinceramente no; tengo bastante con la gira con Ara Malikian y la gira de Strad. Me encantaría tener más proyectos pero no me da la vida. Tengo también una escuela de música donde hago la dirección.

¿Cuanto tiempo llevas con Ara Marikian?

Fue mi profesor con 9 años, así que llevo casi 20 años llevo con él, desde que llegó a España. Me ha llevado por el “mal camino”, en el buen sentido. Me ha hecho cambiar el chip y es lo que le tengo que agradecer, que no me preocupe tanto lo que opinen de mí.entrevista a jorge guillén

 

¿Qué diferencia hay entre lo que haces con Ara Malikian y lo que haces en Strad?

Evidentemente me relacionan y es un honor porque, para mí, él es el dios. El espectáculo es diferente desde su base; por ejemplo el repertorio ya es totalmente distinto. Luego él toca con un violín, yo uso diferentes violines para usar un sistema más moderno, pedaleras y cosas así. Su banda está formada por un cuarteto de cuerdas con instrumentos tradicionales, árabes, y yo me voy directamente a la banda de rock. Yo creo que realmente no se parecen visto desde dentro pero, si me comparan, perfecto, maravilloso.

La vida de las “giras”…

Estupenda. A mi pareja la conocí el primer día que empecé la gira. Muy ajetreada, nunca sabes dónde te levantas… Ojalá estuviéramos toda la vida de gira, eso digo ahora, ¡si me oye mi madre me mata! (risas…)

¿Has perdido alguna vez algún violín?

Por suerte no… pero me dejaron una vez un Stradivarius para hacer una gira, iba siempre escoltado por la policía porque era un violín que pertenecía al gobierno italiano. Si yo me iba a estudiar, tenía que llamar a la policía para que me acompañaran del hotel a la sala que había enfrente, y si iba al baño, también. Estamos hablando de violines de 7 y 8 millones de euros, es como llevar un Velázquez por la calle.

Has estado por numerosos festivales internacionales. ¿Qué diferencia hay con los de aquí?

Desde mi punto de vista, ninguno. Aquí se trabaja muy bien por cuestiones de organización.

¿El lugar más mágico en el que has actuado?

En el último año he tenido tres que me han impresionado: uno es el Wizink Center, cinco micros y 16.000 personas impresiona; luego el Estadio Santiago Bernabéu, con Plácido Domingo, 80.000 personas, que también asusta bastante; y luego el Auditorio de México que para mí era un reto importante, porque México para mí es uno de los mejores lugares para un músico, el público es muy pasional.

Si no fueras violinista, ¿a qué te dedicarías?

Me gusta mucho mandar. Soy muy organizador… Así que algo relacionado con eso. Aunque también me gustan muchos los animales. Como a los animales les puedes mandar… (Risas).

 

¿Qué sientes antes de salir al escenario?

Me gusta ponerme nervioso, pero interiorizarlo y que nadie lo sepa, si me preguntan que si estoy nervioso siempre diré que no, pero estoy cagado. Lo que intento hacer es tenerlo todo controlado, superviso todo, desde las luces hasta el cableado.

Algún rito antes de salir al escenario.

Me toco cuatro veces la frente.

¿Cómo lo ha llevado tu familia?

Mi madre se pasaba la vida metida en el coche, en segunda fila, en la puerta del conservatorio. Eso es durísimo.

¿Quién es Jorge Guillén?

Una persona un poco zumbada que tiene muchísimo que enseñar, que todavía a mí mismo no me he explotado y que nunca sé por donde voy a salir. Imprevisible. Me flipa llorar en los conciertos y sentir que el público lo siente. Una vez cuando toqué Lucía de Serrat en un concierto, mi abuela estaba en la primera fila, me bajé al patio de butacas y se lo toqué… Nadie sabía que era mi abuela pero todo el mundo estaba llorando, eso es imprevisible.



¡Síguenos en Facebook y/o Twitter!

Toda la información sobre la música en español está en www.100x100musica.es